"Partiendo hacia algún sitio bueno"

La cultura popular como gasolina y el Procomún como vehículo

Entre 2006 y 2007 el colectivo Wu Ming escribió una interesante trilogía de artículos en los que se analizaba la cultura popular de masas de nuesto tiempo, según ellos caracterizada por una creciente complejidad y la apertura a la interactividad con el consumidor de dicha cultura.

Wu Ming Foundation
(este es el nombre completo) es un grupo de narradores italianos provenientes de Luther Blisset Project. Cinco autores que no se dejan fotografiar y renuncian a su nombre porque privilegian la importancia de su obra, y que ofrecen la descarga de sus libros, pese a lo cual sus novelas Q o 54 han sido importantes éxitos editoriales.

No parece casualidad la similitud entre varios grupos que partiendo de posiciones distantes han utilizado el arte, la red y la acción común como armas para la reivindicación en la Sociedad Red. Igual que los Wu Ming huyen de los flashes las ciberfeministas de VNS Matrix lanzaban manifiestos o las Guerrilla Girls llevaban a cabo sus performances ocultando sus rostros tras máscaras de gorila. Se puede intuir cierta lógica interna operando dentro de estos grupos de agitación cultural.

La gente de Wu Ming se basa en estudios de Henry Jenkins (MIT) o Steve Johnson para llegar a las siguientes conclusiones:

-Los productos culturales actuales revisten una complejidad mucho mayor que los de hace treinta años. La cultura pop es cada vez más compleja y sin embargo llega a una masa creciente de personas.

No les faltan razones para firmar esto, comparar el ritmo, la cantidad de subtramas o lo fragmentado de la narración de cualquier serie actual tipo Perdidos, o de películas estructuralmente complejas y sin embargo exitosas como como El club de la lucha, con los productos de antaño nos hace darnos cuenta de que las actuales exigen una mayor atención y capacidad cognitiva. Lo mismo sucede con los denostados vídeojuegos (auténticos universos virtuales se contraponen a la simplicidad del comecocos), los dibujos animados (Hanna y Barbera frente a Los Simpsoms) y hasta la telebasura: no es lo mismo la atención exigida por el Un, Dos, Tres de nuestra infancia con la complejidad de las redes sociales mostradas en la pantalla en programas cono el Gran Hermano, por aburridas que estas puedan parecernos. Y a este respecto recordar que aquí no estamos hablando de calidad artística, que a menudo no tiene nada que ver con la complejidad formal, sino de exigencias cognitivas para el espectador/consumidor.

-Esta cultura pop contemporánea llega a las masas y da lugar a un fenómeno nuevo: los usuarios lo reelaboran. En internet comunidades enormes de usuarios interactuan entre si y en relación con la obra: crean manuales de vídeojuegos, abren blogs con los detalles de las series y hasta ruedan fan films (películas de bajo presupuesto inmersas en el ecosistema de una película)

No me cabe duda de que el fenómeno está relacionado con lo que refiere Pekka Himanen en La ética del Hakcker sobre la actual profesionalización del ocio.

Así mismo este fenómeno cabría ponerlo en relación con la llamada web 2.0, una amalgama de tecnologías que han eclosionado en internet y que promueven la sociabilidad alrededor de comunidades online. Como en esta, hasta ahora más que de creación estamos en un momento en el que los usuario “aportan” contenido alrededor de un foco, bien sean artículos de la Wikipedia, bien sean mapas de la isla de la serie Perdidos. Sin embargo se espera una superación de este momento en el que la creación no necesariamente se centre en focos únicos y la creación sea realmente colectiva. En la red no hará falta un YouTube, repositorio casi único y mundial de vídeos propiedad de Google, y la cultura de masas será finalmente creada y consumida por las masas.

-En estos artículos Wu Ming se adhiere a las teorías expresadas por Steve Johnson en Everything bad is good for you (Penguin, 2006) según las cuales la creciente complejidad de la cultura pop ha limentado nuestros cerebros con una dieta tan portentosa que ha producido un aumento constante de las capacidades cognitivas y los cocientes de inteligencia. Exactamente lo contrario de la opinión común: que “televisión y vídeojuegos son el opio del pueblo”.

En este punto no vamos a entrar, queda fuera del alcance de este artículo y desde luego creo que pide un debate en el ámbito de la Psicología.

-La narrativa Transmedia (Henry Jenkins) como forma de narración propia del siglo XXI. De lo que se habla aquí es de entender (más allá de la ocasión para el merchandising que ve la industria) que hoy es posible construir universos que se despliegan en varios soportes y que tienen varios autores. Muchas tramas de una historia, como sucede con películas, vídeojuegos, animes, cómics o fan films de por ejemplo Matrix. Todas ellas independientes (se pueden ver pos si solas) pero compartiendo un mismo contexto.

-Por último los autores ser refieren a la necesidad de “abrir el código” de la literatura (en su caso), de sacar las historias no sólo a distintos medios sino también a autores, un autor social a modo de gran cadaver exquisito.

Como podemos ver Wu ming hace un agudo análisis de la cultura del siglo XXI que está naciendo que se puede extender a anillos más amplios de la sociedad actual más allá de la literatura o el cine. Es lo que hemos hecho unos párafos más arriba al relacionarlo con la llamada web 2.0 por ejemplo, pero no nos sería demasiado complicado ampliarlo a otros anillos del contínuo social.

Lo más interesante de los puntos comentados resulta reflexionar sobre como el bombardeo de estímulos que produce la cultura contemporánea unido a las oportunidades que nos brindan las Tecnologías de la Información producen ciudadanos con más armas cognitivas para enfrentarse al mundo. Sin embargo para que esa ciudadanía creadora, productora de información y que articula sus relaciones políticas reticularmente, pueda actuar de forma realmente crítica debe ser libre de tener cierta capacidad de decisión al orientar dichos estímulos, los conciudadanos deben poder compartir no sólo sus creaciones sino también las creaciones que otros llevaron antes a cabo: nadie salvo los Dioses es capaz de crear desde la nada. Es decir, deben redifinirse las reglas de la llamada propiedad Intelectual, debe potenciarse el Procomún.

Procomún
(del inglés Commons) dertermina un regimen jurídico que afirma la propiedad colectiva de un bien, y en negativo la imposibilidad de que nadie se apropie de su titularidad. No se trata de algo nuevo, todos conocemos los espacios comunes de los que disfrutamos en municipios (calles, parques, etc), ecos lejanos de los ejidos o zonas de propios y comunes de disfrute económico para la comunidad exitentes durante el Antiguo Régimen en toda Europa. En los últimos años se ha generalizado el uso del término de manera un tanto reivindicativa con el caso de éxito probado que supone el modelo del software libre como punta de lanza. David Bollier habla de un “redescubrimiento del Procomún”.

Pues bien una afirmación social del Procomún, una reivindicación del avance cultural y cognitivo de las personas y de la libre circulación de las ideas como necesario motor para ello son la basa sobre la que debemos construir un mundo más crítico.

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