Ciudad internet
Creo que las ciudades son una buena imagen de la red, mucho mejor que un pueblo, donde hay poca mezcla, menos tránsito, muy poca mutación… Recuerdo que lo primero que me llamó la atención de Internet (aunque he usado Internet muy intensamente desde que la descubrí soy relativamente novato, no llevaré más de seis o siete años conectado), fueron los usos y costumbres tan asentados que existían en Internet a pesar de la juventud de medio: las consideraciones de troll para los boicoteadores de la conversación; la “comunicación no verbal” trasladada a la pantalla
; las mayúsculas consideradas como gritos y malos modos, etc.
Esta netetiqueta, comportamiento cívico (misma raíz etimológica que “civitas”, ciudad) se desarrollaba frecuentemente con una lógica discursiva muy cartesiana, algo que podríamos llamar “la lógica del tutorial” que me hizo admirar la manera de poner en orden las ideas de las personas con formación técnica, que eran grupo sobresaliente entonces en la red. Esto se ha ido perdiendo en gran medida en los últimos años, todo hay que decirlo.
Este ideal, el de un Internet discontinuo como una ciudad, en la que uno puede perderse entre la multitud, cambiar rápidamente de paisajes humanos e irse comunicando con civismo con otros seres humanos que coinciden en sensibilidades con uno más allá de donde le hayan nacido peligra seriamente por las fuerzas centralizadoras 2.0 que se están imponiendo: grandes empresas que congregan la mayoría de los polos de interés de la red, esfuerzos por afianzar las normas de la propiedad intelectual del siglo XX, los esfuerzos por enlatar las relaciones humanas en eso que llaman ahora “redes sociales”, etc.
Pero si no dejamos la ciudad en manos de los dirigentes (podríamos hablar tanto de legisladores, como de representantes de grandes empresas como de pretendidos A-List) podremos volver a esa aspiración de una ciudad educada pero atrevida, caótica pero transitale que está en nuestras cabezas.