Neutralizar los estilos del navegador
Una de las primeras cosas de las que uno se da cuenta cuando empieza a diseñar páginas es que las webs no se ven igual en los distintos navegadores. No estoy hablando de la bonita costumbre de las distintas versiones de Internet Explorer de pasarse las especificaciones por el forro, sino de un estilo por defecto que tienen los distintos elementos del HTML. Así no sólo las tipografías del Explorer se verán más grandes que las de los navegadores basados en motores Gecko, sino que el alto de línea, el margen de los H1 y un sin fin de detalles renderizarán de manera muy distinta dependiendo de con que programa abras la página.
En mi opinión no hay que obsesionarse con que cada página se vea milimétricamente igual en todos los navegadores, no estamos hablando de lienzos sino de pantallas, como no son fotografías sino representaciones de información. Lo importante es que todo sea accesible en cualquier navegador y dispositivo con una consistencia gráfica suficiente. Si eres un maniático lo llevas listo, siempre habrá un navegante que subirá el tamaño de la fuente para sacarte de quicio (y para leerla mejor por supuesto).
Sin embargo está en nuestra mano “resetear” estos estilos por defecto de los navegadores. He encontrado una estupenda recopilación de hojas de estilo iniciales que los corrigen y nos permiten empezar de cero. Hay unos cuantos, yo le he estado echando una ojeada a las del conocido Eric Meyer y las de Aniceto2k
Debatiendo sobre la aristocracia rankista de la blogosfera (y luchando contra una sociedad de púlpitos)
En los últimos días se ha iniciado un pequeño debate distribuido en la blogosfera acerca del rankismo que a poco que te descuides puede derivar en cosas un poco más peliagudas como la misma estructura de la red o de la propia blogosfera. Tiró la pelota al aire Marcelino Madrigal a cuento de los canales que ha sacado Technorati. Un escaparate de noticias por temas donde sólo entran las estrellitas bien clasificadas en su propio ranking. Un buscador contra natura restringiéndose a si mismo el campo de indagación. Una sola versión de la realidad para asimilar la blogosfera a un medio convencional, unidimensional.
Y claro, los medios de siempre se encuentran cómodos en esa lectura frontal, como en una plana de periódico, sin espacio para la naturaleza poliédrica de la red y El Pais le dedica en esta “línea Technorati” un artículo en el dominical del diario. A Rosa no le gusta que se caiga en el rankismo en el escrito, David recuerda una vez más que la blogosfera es cosa de redes autónomas. El debate está servido.
A nosotros tampoco nos gustan los rankings de blogs. Aunque no es el punto central del debate podemos empezar diciendo que son totalmente ineficaces hasta como fotografía superficial. Basta con echar un vistazo por ejemplo al recientemente remozado ranking de Alianzo para comprobar como rankea en posiciones de cabeza blogs que llevan varios meses sin actualizarse, consecuencia de un algoritmo que a imitación del de los motores de búsqueda pondera los enlaces acumulados o el número de subscripciones rss, metáfora perfecta de la incapacidad de hacer una foto finish a una carrera que no se corre en una misma pista ni en una misma dirección.
Pero no es solamente que estemos ante herramientas ineficaces es que se trata de la expresión ideológica de quienes tratan de acaparar la red. En su día expresé que no quería una blogosfera meritocrática (término que aparece ligado al fenómeno en muchos análisis):
Desgraciadamente un vistazo a los sucesivos rankings que tanto les gusta hacer a los bloggers deja la sensación de que la movilidad en los blogs más reconocidos es más bien pequeña, estos son masivamente enlazados entre si y por los blogs más pequeños, tengan sus post interés o no los tengan; los blogs “A” no acostumbran a mantener conversaciones cruzadas más que con otros blogs de su clase, de su mérito (enlaces, visitas). El mérito de este entorno elitista viene dado muchas veces por el halo de “pionero” en un ecosistema extremadamente joven, y si hay alguna adquisición ocasional de este grupo, como en la meritocracia del Mundo Real, mantiene la ficción de la movilidad social de la red.
Los blogers “de mérito” se reúnen a repetirse lo buenos que son, se encuentran imbuidos de su propia ideología legitimadora, se enlazan, se citan, le lanzan entre sí unos memes que deberán rebotar en muchas paredes hasta caer a la base. Son conscientes, en definitiva, de pertenecer a una “clase”. Parece, al fin, que algo de cierto hay en lo de la blogosfera meritocrática pues, teniendo claro que el neologismo no hace más que subrayar la naturaleza desigual de la sociedad liberal de nuestro tiempo.
En definitiva lo que hace falta es tener ganas de escuchar y conversar con cualquiera que construya frases que capten nuestra atención, provengan de la flor que provengan esas palabras. Y lo siento pero aquellos que promueven una estructura de púlpitos no es que estén equivocados, es que son enemigos en nuestro afán por hacer de la red un lugar de reflexión y sobre todo de acción.